Lo urgente no puede hacernos olvidar lo importante

Si bien la pandemia sufrida por el COVID-19, ha provocado la ralentización de la producción industrial y la movilidad, lo que ha dado un respiro en las emisiones de CO2, no debemos olvidar que también ha provocado efectos graves sobre la economía y que el esfuerzo por revivir la economía marrón que van a realizar los distintos países tras la pandemia, puede poner en riesgo los avances alcanzados.

Aún cuando los efectos del Covid-19 han sido devastadores para la economía y han supuesto una alerta sanitaria mundial, no debemos olvidar que los riesgos del cambio climático siguen siendo la mayor amenaza, a largo plazo, a la que se enfrenta la civilización actual.

Debemos ser conscientes de que aunque consigamos cumplir los objetivos de reducción de las emisiones de CO2, muchos aspectos del cambio climático persistirán durante siglos. Más del 20% del CO2 ya emitido permanecerá más de 1.000 años una vez las emisiones hayan cesado lo cual nos avoca a ver el cambio climático como una realidad y, por tanto, no solo un hecho con el que tenemos que convivir, sino un hecho sobre el que tenemos que planificar el desarrollo.

El 11 de marzo de 2020 se publicó el informe de la Agencia Internacional de Meteorología que recoge entre otras cosas, las consecuencias que el Cambio climático tuvo en 2019 sobre sobre la salud de las personas, la vida marina y los ecosistemas. En la presentación del informe, el Secretario de Naciones Unidas Antonio Guterres, destacó que a pesar de la preocupación mundial por el coronavirus, los esfuerzos en Cambio climático no pueden reducirse: Si lo más urgente ha sido detener la pandemia, no debemos olvidar que la emergencia climática sigue siendo una realidad y sus impactos sobre la salud también son significativos tal como se extrae del informe: En 2019 las olas de calor has supuesto graves efectos sobre la salud de las personas y una carga importante en sus sistemas sanitarios, En Japón supuso una gran carga para el sistema de salud, al generar 18.000 ingresos hospitalarios adicionales. En Países Bajos produjo 2.964 víctimas mortales, en las zonas metropolitanas de Francia 1.462 y en Inglaterra 572 (Declaración de la OMM sobre el estado del clima mundial en 2019, Organización Meteorológica Mundial, 2020[1]).

A estos efectos hay que sumarle que los cambios en las condiciones climáticas están facilitando la transmisión de virus como el dengue que ha aumentando su incidencia mundial de manera drástica en los últimos decenios hasta el punto de estimarse que alrededor de la mitad de la población mundial corre actualmente el riesgo de contraer la infección. En 2019, tan solo en el continente americano se registraron más de 2.800.000 casos sospechosos de dengue que provocaron unas 1.250 muertes.

El camino para alcanzar un horizonte hipocarbónico tiene que trazarse sobre la base del conocimiento científico, el marco político, el desarrollo tecnológico y un cambio en aspectos cotidianos de la vida de la población. Esta es la única forma de conseguir reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 45 % con respecto a los niveles de 2010 de aquí a 2030 y llegar a cero emisiones netas de aquí a 2050.

Antes de la pandemia ya existía el consenso de que sin esfuerzos adicionales a los impulsados hasta el momento, nos situaremos en un escenario tendencial de aumento medio de la temperatura del planeta de entre 3,7 y 4,8 °C para finales de siglo, respecto a los niveles preindustriales, lo cual supondría efectos catastróficos para la humanidad. Por eso, hoy más que nunca la salida a la crisis provocada por el COVID-19, debe realizarse acelerando y siendo incluso más exigente con la hoja de ruta marcada por el Pacto Verde de la UE y no escuchar los cantos de sirena que surgen en determinados sectores productivos. Hoy más que nunca, tenemos la oportunidad de desarrollar un sistema productivo de futuro y con futuro en un proceso de Transición Justa.


[1] https://library.wmo.int/doc_num.php?explnum_id=10215

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