El RIESGO DEL AUGE DE LA EXTREMA DERECHA PARA LA ACCIÓN CLIMÁTICA Y LA TRANSICIÓN JUSTA

Si miramos a lo ocurrido en Finlandia, en donde la extrema derecha obtuvo el liderazgo gracias, en parte, a una campaña basada en un rechazo explícito de las medidas climáticas, bajo el argumento de que perjudican a la clase trabajadora, podemos pensar que en España se puede dar también el caso y poner en grave riesgo el camino necesario e iniciado hacía un nuevo sistema productivo circular e hipocarbónico en un proceso de Transición justa. En resumen podemos pensar que la extrema derecha es negacionista y por tanto nuestra acción se debe basar en trabajar para que el proceso de Transición, sea Justo, mejorando el empleo y la calidad de vida de los ciudadanos.

Sin embargo, el estudio realizado por Stella Schaler y Alexander Carius en el que analiza la postura relativa a la crisis climática y las políticas medioambientales de los partidos de extrema derecha presentes en el Parlamente Europeo, indica que dos de cada tres, de los 21 partidos de extrema derecha, votan regularmente en contra de las medidas de política climática y energética. Por tanto, no todos son negacionistas existiendo una gran variedad de posicionamientos. Es decir empezamos a ver que el verdadero riesgo se encuentra en aquellos partidos de extrema derecha que ocultan sus verdaderas intenciones sobre la transición justa en un discurso de defensa climática.

Quizás esa nueva estrategia es producto de lo ocurrido en Alemania con el partido Alternativa para Alemania. Recordar que hace pocos años, Alternativa para Alemania (AfD) parecía imparable alimentado por el descontento popular producto de la crisis económicas y los refugiados. A seis años de su fundación en 2013, formaba parte de 13 parlamentos alemanes y había llegado a alcanzar hasta 25% de los votos en algunas circunscripciones. A escala nacional, en 2016 varios sondeos de opinión le daban más de un 15% de los votos. Un éxito sin precedentes. Alguna similitud podemos ver con lo ocurrido en España con su partido homólogo.

Sin embargo, en las últimas elecciones obtuvo tan solo el 11% de los votos frente al 20% de Los Verdes. Este resultado se achaca principalmente a la campaña negacionista del cambio climático realizada. Una campaña en la que llegaron a decir frases como:

  • “La humanidad no puede hacer nada para combatir el cambio climático”
  • “No creo que contra el cambio climático haya algo que la gente pueda hacer. Mucho antes de la industrialización ya teníamos épocas cálidas y épocas frías”
  • “Queremos acabar con la lucha contra el calentamiento climático porque reduce, innecesariamente, el acceso a una energía barata”.

Y en España hemos asistido a algo similar tildando el Cambio Climático de “camelo” o “una tomadura de pelo” e ignorándolo en los programas electorales.

Estas frases no las vamos a volver a escuchar, porque existe un consenso social sobre la necesidad de actuar frente al cambio climático y les costarían votos.

¿Quiere decir esto que podemos estar tranquilos y que los partidos de ultraderecha se suman a la acción climática y la transición justa? En absoluto. Todo lo contrario. Ahora su discurso va a ser más peligroso. No van a negar el cambio climático e incluso van a decir que van a actuar en ese sentido. Incluso me aventuro a que les oiremos hablar de Transición.

Una parte de los partidos de extrema derecha sigue anclada en el negacionismo, otros han empezado a virar su discurso hacia posiciones más estratégicas y más peligrosas.

Por ejemplo el Reagrupamiento Nacional de Marine Le Pen, incluye el cambio climático pero su visión está muy alejada de lo que desde Naciones Unidas y los gobiernos demócratas y progresistas se plantean. Para los partidos de ultra derecha “las fronteras son el mejor aliado del cambio climático”.

Lejos de admitir que los efectos del cambio climático van a afectar a los más pobres y que en algunas regiones se va a producir un impacto tal, que forzará a millones de personas a migrar en búsqueda de agua y alimento. En un claro discurso xenófobo, Marine Le Pen se refería a los migrantes como nómadas y les acusaba de no preocuparse del medio ambiente, porque no tienen patria. Este discurso racista y xenófobo es especialmente preocupante si tenemos en cuenta que la ONU cifró ya en 17,2 millones los desplazados como consecuencia del cambio climático el año pasado y que es previsible que esta cifra aumente.

Por otro lado, la extrema derecha está incorporando la defensa del medio ambiente y del cambio climático para renovar el proyecto de patriotismo identitario. En este sentido hemos oído a Bolsonaro decir que el Amazonas no es el gran pulmón del planeta sino que pertenece a los Brasileños. Olvidando por otra parte el resto de países de américa latina con territorio amazónico. El Movimiento por una Hungría Mejor se autodefine como “ecologistas de extrema derecha” y promueve un “nacionalismo verde” y una “administración de la naturaleza bajo valores cristianos”.

Por eso, debemos desmontar su discurso de manera holística y demostrar cómo la ausencia de política climática, unido a su política económica y de empleo, su mal llamada política de género, igualdad y justicia, son un riesgo no solo para la acción climática, sino para el desarrollo de una sociedad de futuro y con futuro. Una sociedad que necesita que la transición hacia un nuevo modelo productivo circular e hipocarbónico se justa y sin dejar a nadie atrás.

Se deben empezar a implantar medidas alternativas progresistas con la participación de los sindicatos para que la transición justa se convierta no solo en medidas para hacer frente a los impactos del cambio climático, sino para que sea a la vez una palanca para reducir la desigualdad y democratizar la sociedad.

Cuanto más tardemos en actuar y más graves empiecen a ser las consecuencias del cambio climático, más dudas generaremos en los ciudadanos, más inestables se podrán volver sociedades y más terreno cederemos para que la extrema derecha arraigue con más fuerza su discurso retrógrado y populista.

La transición del sistema productivo no va a ser nada fácil, pero aún estamos a tiempo de tomar medidas y acometer cambios profundos. Para ello necesitamos consenso, coordinación y hacer frente común. Si no actuamos ya y enseñamos realmente que existe otra forma de producir que además garantiza empleo decente y de calidad, corremos el riesgo de generar una frustración que será aprovechada por los “cantos de sirena” de la ultraderecha para captar adeptos. Y entonces los frustrados seremos nosotros.

José Luis de la Cruz

Coordinador OSMA PSOE-Madrid

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